Posts tagged poesía
Posts tagged poesía
El pasillo es tan largo…
Tenía doce años lo recuerdo
cuando entré a trabajar con la Tristeza,
–poco sueldo me daba y he robado
haciéndola traición con la Alegría–.
Yo sé que están buscando para echarme
asistenta –inútil sin informes– y no encuentran,
porque…
el pasillo es tan largo…
aunque no hay niños
hay que lavar tanta cortina sin ventana,
fregar tanto cielo
echar la ropa en llanto
sacar brillo al dolor
después la compra
–donde nadie te fía–.
Y no encuentran.
Me quedaré sisando,
ahorrando,
para hacerme yo mi casa sin techo ni pasillo
como un árbol.
(Gloria Fuertes, Ni tiro, ni veneno, ni navaja. 1965. Reeditado en 2012 en Ed. Torremozas)
Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa…
Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás…
Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga…
Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.Julio Cortázar
(Source: suckingalemonn)
Mi Troya, claro, estaba allí,
aunque los demás decían: No.
Homero el ciego ha muerto. Sus mitos
no tienen donde ir. No caves. Deja ya.
Pero entonces urdí un modo
de reparar mi alma de barro
o morir.
Yo conocía mi Troya.
La gente me advertía: es puro cuento,
nada más.
Yo soportaba la advertencia, sonriendo,
mientras mi pala no dejaba de hurgar
en los claroscuros del jardín de Homero.
¡Dioses! ¡Qué importa!, gritaban los amigos.
¡Si el tonto de Homero era ciego!
¿Cómo va a enseñarte
ruinas que no fueron nunca?
Es cierto, decía yo. Él habla. Yo oigo. Es cierto.
Desdeñado el consejo,
cavaba cuando me daban la espalda
pues desde los ocho años lo sabía:
mi destino era fatídico, decían.
¡El mundo se iba a acabar!
Aquel día tuve pánico, creí
que ni ellos ni tú ni yo
veríamos el siguiente amanecer
_pero ese amanecer llegó_.
Avergonzado lo vi, me recordé vacilar
y me pregunté qué pretendían
los mentores de la Fatalidad.
Desde entonces guardo una dicha íntima
y no les dejo ver
mi Troya que está enterrada;
pues si la vieran, qué burlas,
qué escarnio, qué bromas:
para todos esos tipos
mi Ciudad quedó sellada;
y a medida que fui creciendo,
he cavado cada día. ¿Qué encontré
para dar como regalo al viejo Homero,
el ciego?
No una Troya, sino diez
¿Diez Troyas? ¡Dos veces diez! ¡Tres docenas!
¡Prima cada una más rica,
esplendorosa, excelente!
Todas de mi carne y sangre
y cada una verdadera.
¿Qué significa esto, pues?
¡Desentierra la Troya que escondes!
(Ray Bradbury)
¿Quién podrá detener la huida incontenible,
la constante agonía de avance y retroceso
de nuestros hombres-islas, de nuestras islas-hombres?
Huir no es renacer o cambiar de lugares.
No confundáis jamás huida y cobardía,
huir no será nunca poner tierra por medio.
Porque huir no es marchar hacia otro refugio.
Es lanzarse al vacío, ceder a un arrebato
de pasión que no espera.
Cuando huyen las islas es que algo las busca
para manchar acaso el cristal de sus sienes
y entonces brotan alas en todos los senderos
y hay algo que sublima lo mezquino y lo pobre.
Ernestina de Champourcin en Huyeron todas las islas (1988) (Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga 1997).
Para que yo no te conozca tan pronto, juegas conmigo
Me ciegas con tus repentinas risas para que no te vea tus lágrimas…
Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca dices lo que quieres decir!Por miedo a que yo no te tenga en lo que vales,
me evitas de mil modos. Te apartas de la multitud
para que yo no te confunda con ella… Conozco, conozco tu arte.
¡Nunca vas por donde quisieras ir!Como puedes más que nadie sobre mí, te callas. Me dejas mis regalos con descuido juguetón… Conozco, conozco tu arte.
¡Nunca aceptas lo que quisieras aceptar!
(visto gracias a @gerardCD)
Ven, te quiero ver
ante mí.
No como pretendías
sino tal como eres.Ya nada diluirá
esta imagen perfeccionada
que ha quedado clavada
en mí.Y de aquello que tanto
deseabas que fuese,
ya no tengo ni
el más leve recuerdo.Y ahora me resulta más dulce
la certeza
que aquel otro tenerte
con desgana junto a mí.——
Vine et vull veure
devant meu.
No com pretenies
sino tal com ets.Ja res no desfarà
aquesta imatge perfeta,
que ha quedat clavada
en mi.I d’allò que tant
volies que fos,
ja no me’n queda ni
el mès lleu record.I ara se’m fa més dolça
la certesa
que aquell altre tenir-te
a prop a contracor.
Ven y te diré
cuán inútil es
querer vencer el tiempo.
El viento me envuelve
en remolinos de muerte,
pero no vacilo.
Tus pupilas, hasta ahora
inmóviles, tiemblan
en mis ojos abiertos,
vacíos de sorpresas, y
pequeñas chispas desde
tus ojos me dicen
que ya no hay nada
extraño entre tú y yo;
que ningún camino nos está vedado.
——-
Vine i et diré
com n’es, d’inútil,
volver vèncer el temps.
El vent m’embolcalla
amb remolins de mort,
mes no vacil·lo pas.
Les teves pupil·les, fins ara
immòbils, tremolen
dins els meus ulls oberts,
buits de sorpreses, i
petites guspires des
dels teus ulls em diuen
que ja no hi ha res
d’estrany entre tu i jo;
que cap camí no ens és vedat.
(Montserrat Abelló, El blat del temps, 1986)
Detenerse en una frase
a medias recién
empezada. Detenerse
airada porque no se encuentra
la manera de proseguir.
Aunque el día rezuma
hechos y la boca
está llena de palabras;
pequeños cantos rodados,
al fondo de un riachuelo,
donde un sol, demasiado intenso,
ha secado la fuente.
————
Aturar-se al bell
mi8g d’una frase tot just
començada. Aturar-se
irada perquè no es troba
la manera de proseguir.
Tot i que el dia és ple a
vessar de fets i la
boca atapeïda de paraules;
còdols petits, arrodonits,
en el fons d’una riera,
en un sol, massa intens,
ha eixugat la deu d’aigua.
(Montserrat Abelló, Paraules no dites, 1988)
Hi ha en el temps
del temps aquell dolor,
l’aspre regust
de les hores mortes;
la flaire forta
d’un anhel agostat;
de tantes coses
no dites.
Hi ha un temps
difícil per a tots.
I cadascú hi té
la seva hora greu,
en què el seu fer
li apareix
erm i innecesari.
—-
Hay en el tiempo
del tiempo aquel dolor,
el áspero resabio
de las horas muertas,
el fuerte olor
a un anhelo agostado;
de tantas cosas
no dichas.
Hay un tiempo
difícil para todos.
Y cada uno tiene
su hora grave,
en que su hacer
le resula
yermo e innecesario.
(Montserrat Abelló, Paraules no dites, 1981)